ELA: cuidar cuando curar aún no es posible

Frances Preciado, Lic en Enfermería e integrante del equipo de Fundación Esteban Bullrich, reflexiona sobre el abordaje de la ELA desde una perspectiva de cuidado integral. A partir de su experiencia, destaca el rol central de la enfermería en el acompañamiento cotidiano, donde la escucha, la empatía y la presencia sostienen tanto a pacientes como a sus entornos. Una mirada que pone en valor la dignidad, el vínculo humano y el trabajo interdisciplinario como ejes para transitar la enfermedad con la mejor calidad de vida posible.

Por Frances Preciado, Licenciada en Enfermería e integrante del equipo de Fundación Esteban Bullrich

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios del cuerpo. Con el avance de la enfermedad, las personas pueden presentar dificultades para caminar, hablar, alimentarse, movilizarse e incluso respirar. Sin embargo, aunque el deterioro físico sea progresivo, la sensibilidad, las emociones, la capacidad de comprender y la necesidad de vincularse con otros permanecen presentes.

Actualmente, no existe un tratamiento curativo para la ELA. Aun así, en todo el mundo se desarrollan investigaciones científicas y ensayos clínicos orientados a comprender mejor la enfermedad, mejorar la calidad de vida de los pacientes y encontrar nuevas alternativas terapéuticas. Los avances en estas investigaciones médicas representan una esperanza para miles de personas y familias que conviven con esta realidad.

Mientras la ciencia continúa buscando respuestas, el cuidado diario se vuelve fundamental. Allí, el rol de enfermería adquiere una importancia no solo asistencial sino profundamente humana.

El cuidado del paciente con ELA requiere conocimientos técnicos pero también implica presencia, observación constante, empatía y capacidad de acompañar procesos complejos y emocionalmente desafiantes. Enfermería suele estar presente en los momentos más íntimos y vulnerables de la enfermedad: en la alimentación asistida, en la higiene, en el manejo de síntomas respiratorios, en la prevención de lesiones por presión, en la administración de tratamientos y también en lossilencios, los miedos y las incertidumbres.

Cada paciente vive la enfermedad de manera diferente. Por eso, uno de los pilares fundamentales del cuidado es escuchar y reconocer la individualidad de la persona.

La ELA modifica el cuerpo, pero no define completamente a quien la padece. Detrás del diagnóstico continúa existiendo una historia, una identidad, vínculos, sueños y emociones que merecen ser respetados.

En este contexto, la conexión entre el paciente y el profesional de enfermería puede transformarse en un sostén emocional muy significativo. Muchas veces, cuando la comunicación verbal comienza a verse afectada, el vínculo humano cobra todavía más valor. Una mirada atenta, un gesto de paciencia o una palabra de contención pueden generar alivio y seguridad en medio de la incertidumbre.

El acompañamiento emocional también alcanza a las familias, quienes suelen atravesar altos niveles de desgaste físico y emocional. La educación, la escucha activa y la contención forman parte esencial del trabajo cotidiano de enfermería. Cuidar a quien acompaña también es una forma de cuidar al paciente.

La atención interdisciplinaria resulta clave en el abordaje de la ELA. Profesionales en medicina, kinesiología, nutrición, fonoaudiología, terapias ocupacionales, psicología y enfermería trabajan conjuntamente para preservar la mejor calidad de vida posible. Dentro de ese equipo, la enfermería cumple muchas veces un rol articulador, cercano y continuo, acompañando al paciente durante las distintas etapas de la enfermedad.

Hablar de ELA también implica hablar de dignidad. Significa comprender que, aun cuando no exista una cura definitiva, siempre existen maneras de aliviar, acompañar y humanizar el cuidado. La calidad de vida no depende únicamente de tratamientos médicos, sino también de sentirse escuchado, respetado y acompañado.

En una sociedad donde frecuentemente se prioriza la rapidez y la productividad, el cuidado de personas con ELA nos recuerda el valor de la presencia humana. Nos enseña que cuidar no siempre significa resolver, sino muchas veces permanecer, sostener y acompañar.

Porque cuando curar aún no es posible, el cuidado, la empatía y la humanidad se convierten en una de las herramientas más poderosas que puede ofrecer el sistema de salud y como profesionales de enfermería quizás no siempre podamos cambiar el destino de una enfermedad, pero sí la manera en que una persona atraviesa su camino.

Compartí esta información

¡Suscribite para recibir nuestras novedades!

Categorías

Otras notas

  • All Post
  • blogs
  • Guías
  • Institucional
  • news
  • Novedades

Sumate

¡Doná a Cruz Roja Argentina y acompañá a quienes más lo necesitan!

Dirección

Hipólito Yrigoyen 2070
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

contacto

colaboradores@cruzroja.org.ar
0810 999 2222
Horario de atención
Lunes a viernes de 10 a 19 horas

redes sociales